Al principio, notábamos como la tierra se había abierto, por la acción de unas potentes fauces, palas excavadoras que dejaban al descubierto la arcilla roja como la sangre y los cadáveres de animalejos casi prehistóricos, caracoles, escolopendras, manillares de bicicleta o tubos de escape de coches de épocas antediluvianas.
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