La distancia es engañosa. Hay un abismo siempre entre las vidas que se tocan al salir del vagón de tren. Hay años luz entre las miradas que se cruzan furtiva, o desdeñosamente, al consultar el nombre y la hora de la siguiente parada. La sociedad de la vigilancia ha triunfado finalmente. Todos hemos aprendido a ser policías de nuestros semejantes y censores de nosotros mismos. No debemos temer ya el control y la censura externas.
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