El mundo de lo sórdido no ha desaparecido del todo, aún quedan en pie algunos antros de marginalidad en el centro del turismo de smartphone y selfie que no quiere que exista lo feo. Que se los lleven a otro sitio, dicen. Mirar a otro lado. Los pobres y los desharrapados, en foto, dan menos miedo y también menos asco.
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