No puedes fiarte de las apariencias, porque cualquiera puede ser enemigo. Como tú, puedes ser ese golpe de luz repentino y potente que desdibuja las figuras y los contornos, que transforma los rostros anodinos en muecas extrañas e inquietantes. La imaginación te puede jugar malas pasadas, pero también ese otro podrías ser tu y ni siquiera lo habías sospechado.
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