Pero donde todo era posible, desde encontrarse a los últimos juerguistas de la noche a las doce del mediodía como a los artistas del burlesque o del cabaret cercano, que ya no existen, han sido sustituidos por tiendas de helados, de baratijas o de ropa mainstream. Todo es igual en todas las partes, aunque a veces te imaginas a un vedette surgida de un cuadro de Toulouse Lautrec delante tuyo.
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