Ya sólo quedan pastizales, terrones que parecen piedras, praderas de cerrillo y algunas matas de gayumba que son el refugio de los lagartos y las currucas. No queda más de una hora de luz, y las chicharras se obstinan en seguir cantando al sol, mientras que algunos grillos comienzan a llamar a la noche desde sus escondrijos subterráneos.
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